sábado, 24 de julio de 2010

Esto de ser Madre es hermosamente desgarrador.

Hace muchos mucho años soñé con mi hija por primera vez. Creo que desde entonces comenzó a forjarse en mi. Poco a poco fue entrando a este mundo. Primero fue un deseo de mi inconciente, un pensamiento en mi mente, una célula en mi cuerpo, una célula en su cuerpo.

Magia.

Una reproducción muy muy rápida de células.

Una duda en mi. Una certeza.

Y pasan mucho meses en la que quizás es algo que sabes que está pasando, pero que no se entiende mucho cómo. Mi cuerpo se encarga de todo. Y es el primer lugar donde se percibe un cambio. El traje se va estirando y acomodando a una nueva persona.

Soy 2 en 1.

Y luego un día siento que me abro toda, y de mi surge. De entre mis piernas sale.
Toda Ella. Aquí.

Y yo sólo existo para ella. Y todo yo se da a Ella.

Ella es y se expresa fuera de mi. Es Brillante.

Y mi cuerpo queda con las secuelas, mi piel necesita crema, mis senos sontén. Mi alma sabe que por siempre mi corazón estará conectado al de ella y todo lo de ella se sentirá en mi.

Y no hay remedio, asi es. Es así como tantas otras cosas en este mundo que simplemente son. En hecho y no en juicio.